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Artículos - Artículos sobre Percusión

La Leyenda


Nada pasaba si Aniwina no comenzaba a bailar. Los músicos, los tambores, por más que lo intentaban, no podían dar con el ritmo exacto exacto si no la veían moverse. Y, cuando todo se concertaba, el latido de los corazones bailaba al son de los tambores, y los tambores se acunaban siguiendo a Aniwina, y Aniwina era ese director de la orquesta cuya batuta es el feliz cuerpo.
- ¿Pero qué es lo que haces?
- ¡Se baila hacia adelante, siempre hacia adelante!
Y a veces decía:
- Se baila oyendo.
Aunque esto no podía ser, si los músicos, los tambores, eran los que de alguna manera oían a su cuerpo.
- Pero ¿cuál es el secreto?
Un día, la vieja de la tribu habló:
-¿No la han visto bailando sola, a veces, por el campo? Aniwina oye. Aniwina sabe oír. Aniwina oye el alma de los sonidos que andan sueltos a la buena de Yemanyá. Y los recoge y los lleva en su cuerpo, como quien lleva flores en el delantal.
De ahí en adelante se supo. Aniwina vivió muchos años, y hasta el último de sus vidas bailó dando el ritmo. Y hasta hoy se dice que, cuando los músicos, los tambores, sincronizan, y todos sentimos los parches en nuestros corazones, es Aniwina que está dando vueltas por ahí, dando el ritmo a todos.

 

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